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Arroyo de La Rocina

El otro día comenzábamos por explicar una ruta en bicicleta en pleno corazón de Doñana. Decíamos que era una ruta que nos llevaría por la historia tanto humana como natural de Doñana, una historia llena de altibajos e importantes proyectos.

Dejando pues a un lado el Poblado de Cabezudos, a unos cuatro kilómetros y medio, encontraremos el Poblado de Bodegones, otro importante poblado minero que todavía está más deteriorado que el anterior. Tan sólo quedan casas en la margen derecha de la carretera y tras una breve pausa para contemplar las ruinas del poblado, deberíamos volver hasta una pista situada justo antes de llegar al poblado y que se sitúa a la izquierda de la carretera. Por ella continuaremos la ruta, donde no volveremos a ver asfalto hasta llegar de nuevo al poblado de Cabezudos al final del recorrido.

La pista esmentada se inicia al lado de una zona de extracción de áridos que hace años se abandonó. A estas explotaciones se les suele llamar “barreras” y con el material extraído de ellas se construían las pistas y caminos que ayudaban a las labores de repoblación de estos lugares a partir de los años 40.

También podremos apreciar las obras que se están realizando para devolver al territorio su apariencia natural eliminando las masas de eucaliptos existentes y arrancando los “tocones” o raíces para evitar que vuelvan a brotar en un futuro. En muchas zonas, los tocones se apilan formando montones para favorecer el refugio de animales silvestres como el conejo, que suele fabricar sus madrigueras debajo de los tocones.

Esta actividad se supone que es de vital importancia para aumentar su población y con ello favorecer la recuperación de las poblaciones de especies tan amenazadas como, por ejemplo, el Lince ibérico y el Águila Imperial. Las dos especies encuentran en dichos territorios unos ambientes perfectos para la dispersión de los jóvenes ya independizados de sus padres.

El camino seguirá atravesando varios puentes ubicados en los pasos de diferentes arroyos o arroyuelos conectados al Arroyo de La Rocina, principal curso de agua de la zona que, además, supone el aporte de agua dulce más importante que recibe la marisma del Parque Natural en la actualidad. En muchos puente también podremos apreciar la gran erosión que estos pequeños arroyos provocan si las riberas no están debidamente protegidas de vegetación.

En fin, la ruta irá cogiendo poco a poco un tono de naturaleza pura, un itinerario que nos llevará al corazón mismo de la fauna y flora de este bello espacio natural que se llama Doñana.

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