Campofrío, viaje al corazón de Huelva

CAMPOFRÍO

Si visitamos la provincia de Huelva no nos tenemos que dejar vencer por las atracciones más turísticas y típicas de la provincia y marcharnos de Huelva sin visitar lo más auténtico menos preparado para el turismo de este rincón de la Andalucía profunda.

Viajar a Huelva no sólo es viajar a la capital y a cuatro lugares especialmente interesantes de las cuales se puede encontrar información en cualquier parte, sino que viajar a la provincia de Huelva es internarse en sus pueblos, auténticos puebluchos andaluces, donde la tradición más auténtica se mezcla con la dulzura típica de sus gentes.

Es el caso de Campofrío, que con apenas 900 habitantes esconde tras de sí un par de joyas que no se pueden ver en otros lugares más preparados para el turismo.

Así, Campofrío tiene el honor de tener el que se considera la primera plaza de todos cerrada y fija de España, la cual está datada en 1716. Esta declarada Monumento Nacional y se construyó bajo suscripción popular, es decir, fue de esas iniciativas que sólo la gente sabe lo que vale.

Pero no sólo la curiosidad de esta antigua plaza de toros nos tiene que acercar a Campofrío. De hecho, quizás más llamativa que la misma plaza de toros es la iglesia de San Miguel Arcángel, el cual está casi como cuando se construyó. La sacristía de la iglesia está fechada en el siglo XV aunque fue ampliada y redefinida en el estilo barroco en el siglo XVII. En el exterior tiene dos puertas, la de San Miguel y la de Santiago que son de estilo neogótico. La torre se remata con chapitel de azulejos, típica de la arquitectura popular de estos lares.

Por último podemos visitar el puente romano sobre el río Odiel al que también se le conoce como el puente viejo.

En fin, viajar a este pequeño pueblo (en habitantes porque de extensión, el término municipal de Campofrío tiene más de 45 kilómetros cuadrados), es viajar al corazón de AndalucÍa. Sus blancas casitas, su tremendo sol y la amabilidad y la simpatía de sus gentes nos trasladará a lo más auténtico de Huelva más allá de lo turísticamente preparado y “precocinado”. Merece la pena quedarse varios días para disfrutar del sabor más auténtico de sus gentes y parajes pues en este lugar lo cotidiano no tiene por qué ser feo.

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