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Rincones especiales con la Ruta de la Luz

El otro día comenzábamos por describir la “Ruta de la luz” de Huelva, ruta que nos lleva por los pueblos y ciudades más importantes de Huelva para descubrir lo que no se ve en una primera visita, para descubrir los rincones y secretos que nos esconden diversos lugares de la provincia. Así pues hoy seguiremos descubriendo estos lugares.

Uno de estos rincones mágicos está en Isla Canela, más concretamente es la misma Punta del moral. La barriada marinera de canela, en Ayamonte (carretera de las Playas), se enclava en el espacio natural del Guadiana. Aquí inicia una sucesión de pequeños lugares o enclaves de origen remoto, hasta las playas de Isla Canela y Punta del Moral.

El encanto del lugar está en el paisaje de esteros, la calidez y tranquilidad del espacio y el juego indescriptible de olores, brisas y luces. Se destaca el barrio de pescadores de Canela y Punta del Moral, lugar auténtico, además del mausoleo romano y la torre de almenara de Isla Canela. No nos podemos ir del lugar sin probar o llevarnos algún producto pesquero.

También en Ayamonte encontramos una parada de la Ruta de la Luz. El Parador de Ayamonte es una buena atalaya para observar el curso final del río. El lugar ocupa el solar de un antiguo castillo que tenía seguramente su origen en la época romana, frente a frente al doble emplazamiento defensivo de Castro Marim (ya en Portugal). Aquí es donde se muere el último sol de Andalucía, por lo que si queremos tener el lujo de ver atardeceres hermosos, únicos en España estaremos en el lugar más indicado. Esta zona de Ayamonte se caracteriza tanto por la monumentalidad como por el costumbrismo en sus construcciones, distinguiéndose las edificaciones de origen medieval del barrio de la Villa. La restauración del lugar tiene una excelente calidad y variedad.

La siguiente parada de la ruta la haremos en Sanlúcar de Guadiana. Si tiramos hacia arriba en el Guadiana, veremos dónde se instaló este pueblo andevaleño. Podremos observar un paisaje hermoso de ribera, abierto a las rutas de agua con más facilidad que a los caminos y el cual ha tenido tres ciclos a lo largo de la historia. El primero de los ciclos giró en torno a los cereales como el trigo, mientras que en su última época se centro en las costumbres de contrabando y la guerra. La impronta rural del lugar está en su blanco caserío, mientras que la impronta bélica en el Castillo de San Marcos. El lugar también tuvo su propio pasado minero, más concretamente en la minería de cobre.