Turismo en el Cerro del Andévalo

Cerro del Andevalo

El Cerro del Andévalo se sitúa al norte de la comarca que lleva su nombre, en un paisaje montañoso al sur de la Sierra Pelada. Los primeros signos de poblamiento en su término se remontan al Calcolítico, en el yacimiento de «Las Mingorreras«. Durante la Antigüedad, las explotaciones mineras constituyeron la base de la economía de sus pobladores, como así lo confirman los escoriales de «La Lancha«.

En el período musulmán el territorio formó parte de la Cora de Niebla y, tras la Reconquista, quedó como tierra de realengo, perteneciente al alfoz de la ciudad de Sevilla, en su límite sur, en contacto con los dominios señoriales del Conde de Niebla.

Esta situación fronteriza causó siempre a los habitantes continuos conflictos jurisdiccionales. En 1309 la Corona concedió una dehesa boyal a los nuevos pobladores de «Cabeza de Andévalo«, topónimo que parece ser la primera referencia a la fundación del actual municipio.

Durante los siglos XIV y XV las guerras con Portugal y distintas epidemias, impidieron el crecimiento del núcleo urbano, que incluso llegó a quedar deshabitado en varios momentos. En el siglo XVI comienza un periodo de bonanza económica y crecimiento sostenido, situación que quedó interrumpida en el siglo siguiente debido, de nuevo, a las guerras con Portugal. A partir del siglo XVIII se detectan nuevos momentos de recuperación económica, lo que se potenció más aún a mediados del siglo XIV, como consecuencia de reactivación de la actividad minera.

Lo más destacable de El Cerro del Andévalo es su iglesia de Santa María de Gracia. El origen de esta actual iglesia parece remontarse a la segunda mitad del siglo XVI, vinculándose sus trazas con el arquitecto cordobés Hernán Ruiz II.

De este primitivo templo se conserva el cuerpo de la nave con sus tres tramos cubiertos con bóvedas vaídas, las dos capillas de los pies y las tres portadas del exterior. Las dos laterales se forman con vanos de medio punto entre columnas toscanas y frontón de triple inflexión que responden al tipo habitual empleado por Hernán Ruiz en los templos del Arzobispado, siendo más rica en molduración decorativa la del lado derecho.

La del hastial, de mayor complejidad compositiva, posee también vano de medio punto, en este caso, entre columnas pareadas que albergan hornacinas y está rematada en un frontón triangular. Ésta conserva gran parte de su enlucido original, donde destaca la decoración esgrafiada policroma y la incrustación de fragmentos de escorea y pasta vítrea a modo de mosaico, dentro de un lenguaje claramente manierista. La puerta conserva los batientes y la clavazón original de bronce.

Foto Vía: serafingomezrojas

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Categorias: Pueblos de Huelva


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