Fuentepiña, donde descansa Platero

Fuentepiña

Ya sabemos que muchas de las actividades turísticas de Moguer se basan en su vecino más ilustre y reconocido, el poeta y escritor Juan Ramón Jiménez. Dentro de su obra cumbre, Platero y yo, uno de los escenarios claves de la misma es el paraje llamado Fuentepiña, su casita encalada y el pino que está justo a su lado.

Dentro de la finca Santa Cruz de Vista Alegre, a sólo un par de kilómetros del núcleo urbano de Moguer, encontramos este paraje que el escritor moguereño también llamaba el Huerto de la Piña. Pasito a pasito, sin estar allí, hemos recorrido página a página estos pinares a lomos del burrito más famoso de la literatura española.

Fuentepiña era el lugar de descanso de Juan Ramón Jiménez. Una pequeña pero bonita casa de blancas paredes, con terraza y jardín de puro estilo andaluz y con unas bellas vistas a la espalda de la ciudad de Moguer y, al fondo, la serranía de Huelva.

Fuentepiña también es el lugar donde descansa Platero, donde Juan Ramón enterró literariamente al burrito pequeño, peludo y suave, a los pies de un pino centenario.

Esta tarde he ido con los niños a visitar la sepultura de Platero, que está en el huerto de la Piña, al pie del pino redondo y paternal. En torno, abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos. Cantaban los chamarices allá arriba, en la cúpula verde, toda pintada de cenit azul, y su trino menudo, florido y reidor, se iba en el aire de oro de la tarde tibia, como un claro sueño de amor nuevo. Los niños, así que iban llegando, dejaban de gritar. Quietos y serios, sus ojos brillantes en mis ojos me llenaban de preguntas ansiosas. ¡Platero amigo¡ – le dije a la tierra-: si como pienso estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo a los ángeles adolescentes, ¿me habrás, quizá, olvidado? Platero, dime: ¿te acuerdas aún de mí?.

Quiso el escritor que el precioso ejemplar de pino que da sombra a la casa fuera el lugar donde descansara eternamente Platero, y que por tanto, quedara inscrito para siempre en la historia. Con sus 20 metros de altura, el Pino de Fuentepiña no será el más grande ni el más imponente, pero sí es el más famoso y le guardamos un pedacito de espacio en nuestra memoria al igual que le guardamos un pedacito de nuestro corazón a Platero.

Visitar Moguer es visitar la tierra de Juan Ramón Jiménez, y es de recibo conocer todos los espacios y todos los paisajes que inspiraron su vida y su obra.

Foto Vía La Sopa Gansa

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