Camino de los Molinos, en El Cerro de Andévalo

Cerro de Andevalo

Senderismo, naturaleza e historia se entremezclan en esta ruta de la que nos ocupamos hoy, en la que remontaremos el río Oroque, a la altura de la población de El Cerro de Andévalo, para encontrar los restos de los viejos molinos en los que los vecinos cerreños molían el trigo, lo que fue durante muchos años la principal actividad económica de la zona.

Todo este sendero se ha bautizado como Camino de los Molinos, y lo conocemos hoy en día gracias a los trabajos de investigación llevados a cabo sobre el terreno por José Rico Romero, un historiador del que ya conocemos algunos de sus estudios en el Museo Etnográfico de la localidad. Aviso que no es un sendero como tal, y que necesitaremos algo de presteza para recorrerlo.

Nuestro camino comenzará en la margen izquierda del río, encontrándonos los primeros restos de un molino que perteneció durante el siglo XIX a Juan Rico Márquez. Remontando llegamos hasta los restos del segundo molino, justo en la desembocadura del Barranco de Los Pinos, en la presa llamada Charco de las Ollas. Lo que mejor se conserva de éste es su cao, o sea, el canal que llevaba el agua del río al molino.

Justo en la misma presa encontramos otro molino que conserva aún el cárcavo, es decir, el espacio que albergaba el rodezno o rueda motriz. El cuarto molino es el que mejor se conserva, ya que estuvo en funcionamiento hasta la década de los 50, aunque también tenga algo que ver el que sea un poco menos accesible que los demás. A partir de aquí, el camino es más complicado y pedregoso.

A nuestro paso aparece el molino del molinero conocido como Bartolo, en funcionamiento hasta la primera mitad de siglo. Podemos ver su piedra de moler abandonada a un lado y a su cárcavo y su cubo tintados de amarillo, el color característico de este río tras la explotación minera. El sexto molino está en un estado bastante ruinoso, aunque conserva bien los contrafuertes que lo protegían de las subidas de las corrientes.

Para llegar al séptimo molino tenemos que pasar al otro margen del río, así que, en vuestras manos queda si se mojáis un poco los pies, pues el río no suele bajar con mucho caudal si no es época de lluvia, o si seguimos adelante en busca del octavo y último molino de esta ribera. Poco queda en pie de esta octava pieza, pero es que hay que tener en cuenta que ya estaba ahí desde el siglo XVII, que no es poco.

Listo. Ahora toca descansar un poco y reponer fuerzas, pues toca desandar lo andado. En un futuro, está previsto acondicionar el camino para hacerlo más cómodo y accesible, y reconstruir una de las fábricas para convertirla en un centro educativo. Así, los molinos pasarían a ser una atracción turística como lo son en Beas, y no un paseo para aventureros nostálgicos.

Foto Vía PSOE Andévalo

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Categorias: Rutas Turisticas


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